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Rafael Avilés

Es curiosa la paradoja que se produce cuando una pluma de la redacción del papel pide insistentemente que su artículo sea publicado en el periódico digital. Curiosamente, ese mismo periodista nunca se ofrece para trabajar para la edición web, sólo le preocupa que quienes le leen lo hagan más fácilmente, incluso si ello implica el que dejen de comprar el periódico impreso.
En la España periférica, hoy resulta totalmente imposible que estas mentalidades comprendan que el proceso de producción del diario impreso y el digital deben ir unidos casi en todas sus fases. Es más, hacer la edición impresa debe ser la última de ellas.
Hasta que comprendan que Internet es quien da las noticias y el papel reflexiona (por no hablar de que Internet aporta la participación del lector o de que puede aportar aún más profundidad, incluso documental, en las reflexiones), no van a bajarse de ese pedestal de arrogancia que se traduce en lejanía con el lector y en un obstáculo para la rentabilidad de los productos de la empresa PARA LA QUE TRABAJA.
El periodista debe despegarse de la sensación de que la información es suya, y ponerse al día con aquello que va a garantizar, no sólo el que la información y la reflexión lleguen más y mejor al lector, sino también su propio empleo a largo plazo.
En definitiva, es a los periodistas de gran experiencia a los que hay que hacerles entender esta situación, no a las empresas. Sobre todo, si las empresas siguen confiando en ellos para hacer la lectura del mercado.
Desafortunadamente, si esto no ocurre, tendremos que someternos a un proceso de "selección natural". Renovarse o morir, qué dicho tan manido... y tan ignorado.

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Nota del editor